Muchas veces hubiéramos deseado tener unos párpados en los oídos para poder aislarnos de nuestro alrededor, especialmente en el imparable ruido de una gran ciudad como Madrid. Sin embargo, y a pesar de que no podemos dejar de “oír”, no nos resulta tan fácil “escuchar”. Escuchar en un sentido amplio: escuchar al otro, escucharme a mí, escuchar el silencio.
La escucha es un proceso activo, aunque no tengamos que hacer nada. Requiere nuestra atención y requiere poder dejar a un lado lo que está rondando en nuestra mente. Y eso no es fácil. Porque nuestra mente está continuamente procesando información, infiriendo lo que ocurrirá en el futuro a partir de lo que ocurrió en el pasado.
Entonces el primer paso para escucharnos es escuchar nuestro propio ruido interno. “La mente es un mono atado a un palo, va de acá para allá sin parar”, dice el maestro de budismo zen Taisen Deshimaru. Prueba a intentar escribir todo lo que pasa por tu cabeza y verás la dificultad de que siga un hilo lineal y coherente. La mente es una herramienta muy útil que también puede esclavizarnos y que utilizamos para evitar el contacto con una realidad no siempre placentera.
Muchas veces, más que estar en el presente con pleno contacto, nos encontramos en un continuo estado de auto-hipnosis. Nos regocijamos en pensamientos positivos y estamos contentos o por el contrario entramos en una espiral de pensamientos negativos y nos ponemos de mal humor. Todo es el resultado de nuestros pensamientos. ¿Qué ocurre si dejamos espacio para el silencio? Ocurre que se abre una nueva percepción mucho más gratificante que nos permite sentirnos en paz.
La escucha interna implica prestar atención a la cadena de pensamientos, emociones y sensaciones corporales que sentimos en el momento presente, sin juzgarnos a nosotros mismos (pues desde ahí seguiríamos en la espiral mental) y aceptando cualquier sensación, aunque sea dolorosa. En algún caso podemos llegar a escuchar nuestras variables fisiológicas, como la tasa cardíaca, e incluso llegar a escuchar la “frecuencia” que estamos emitiendo, pues como seres vivos irradiamos frecuencias hacia el exterior.
Una vez estamos en contacto con nuestra propia escucha interna, estamos en la mejor disposición para una escucha externa. La escucha externa es, también, una escucha interna, pues implica resonancia. Si escuchamos una pieza musical, resonamos con ella, permitimos que vibre dentro de nosotros. Si escuchamos a otra persona, sin juzgarla, igualmente resonamos con ella, favoreciendo la empatía y la comprensión. También escuchamos el efecto de su comunicación en nuestro ser. ¿Nos produce algún malestar o simplemente sentimos empatía? De esta manera empezaremos el camino de la honestidad y comprensión en las relaciones.
Escoge unos minutos al día para realizar esta e irás viendo cómo cambia tu vida y la capacidad de disfrutar del momento presente.
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Autora: psicóloga Clara María Pavón. ”Me licencié en Psicología completando mi formación con un máster de Psicología Clínica y de la Salud y una formación en Psicoterapia Gestalt. Complemento mi práctica terapéutica presencial con la terapia en línea, a través de la que exploro nuevas posibilidades para facilitar el crecimiento personal.”
La psicóloga Clara Maria Pavón forma parte del equipo del sitio Therapion.com el cual ofrece servicios de terapia online.
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